domingo, 9 de marzo de 2014

desAHOGO



Hoy me encontré a mí misma. 
Hace tiempo ya que viajaba perdida, tratando de recordar quien fui alguna vez.
Pero tampoco soy la misma que era hace ya tiempo atrás.

Es difícil de entender, de hecho, ni yo a veces lo hago. Porque cada mañana despertaba con el mismo sueño, buscando ese ideal que calzara con la mirada de los diferentes rostros que coexistían alrededor. Quién yo fui, mientras estaba a la deriva, era el reflejo de las expectativas que tenía de mí, la persona que tuviera en frente. Puede sonar un poco estúpido y quizás lo es... pero  la verdad es que este asunto ha dejado de tener sentido para mí.


En algún momento, me vi atrapada en una encrucijada. Siempre había sentido tantos fragmentos de almas dentro de mí. Por por un lado está el asunto religioso, donde en algún punto, tuve una conversión que cambió mi existencia. Tengo un testimonio de aquello, que muchas veces crece a pasos agigantadas y otras, tristemente sólo se queda allí... estancado ante el ruido del mundo. 


Por otro, está mi lado espiritual, porque he aprendido que hay otros caminos para elevarse espiritualmente ajenos a una organización, simplemente que vienen de uno mismo. El encontrar la paz se ha convertido en un asunto fundamental en mi vida, por lo mismo, no sé como sobrellevar ambas cosas. 


Un tercer hecho es mi lado instintivo, las pasiones bajas que están presentes en cada estado, cada decisión y me abruman hasta el punto de querer actuar en contra de lo que aspiro para mí misma.


La pregunta es, ¿algo de esto está bien? ¿estoy siendo errática? ¿Puedo vivir con tantas perspectivas dentro de mí sin sentir que me desintegro al no tener una pertenencia total con ninguna de las ramas que le dan fundamento a mi vida? Porque no soy lo suficientemente beata, tampoco lo suficientemente mística y menos lo suficientemente libertina como para identificarme con algo. Por eso, cada segmento de mi vida dependía del contexto. Siempre ha sido una constante lucha de fuerzas dentro de mí, un teatro que siempre variaba dependiendo de los espectadores, no sé si una ilusión porque suena un tanto abstracto, pero sí quizás una mentira que yo misma construí para sentirme parte de algo o simplemente, para no sentirme parte de nada.


Pero en algún momento (no tan lejano), supongo que aprendí un par de cosas...

Siempre deberé luchar con todas las naturalezas que hay en mí. No sé si una es peor o mejor que otra, tampoco lo pongo ya en tela de juicio, porque no puedo seguir más de un camino simultáneo en las elecciones que se me presenten, pero eso no hará que deje de ser yo misma. Yo, aquella que ama tantas cosas que pueden parecer contradictorias, pero que en esencia, me han definido como lo que hoy soy. La acumulación de tantas almas flotando a través de fragmentos opuestos me han dado un nombre y un motivo de existencia.

Me encontré a mí misma el día que dejó de importarme lo que las personas piensen de mí, el día en que el sentirme incomprendida dejó de tener peso frente al vivir feliz y conforme con lo que yo misma puedo hacer con mi vida.