domingo, 4 de noviembre de 2012

Extracto del Día


Era una galaxia atrapada entre sus pupilas, que exacerbantes e intensas, danzaban a un  ritmo desconocido para mí hasta ese día.

Impávido estaba un poeta sentado en la orilla del muelle, junto a Neruda y su melancolía. Miraba hacia el horizonte, perdiéndose en el reflejo del mar al mediodía. Todo estaba tan brillante, que parecíamos perdernos entre la luz y el pasar de los segundos.

Rogaba yo entonces, que alguno decidiera emitir palabra, por más mísera que fuera. El silencio absorbió todo lo que nos rodeaba, hasta dejarnos desprotegidos ante la verdad.

Le miré a los ojos, aquellos que perpetraban mi alma y la hacían tan infinita y a la vez tan efímera, esperando alguna respuesta. Abrí levemente los labios, de los que solo salió un leve suspiro interrumpido por un ruido ensordecedor.

Una multitud inmensa nos rodeó enseguida. Una huida en masa nos deslizo como peces que se oponen inútilmente a la corriente. Irónicamente nos convertimos en presas de esa sociedad.

El aire estaba tan pesado, que parecía caer sobre nuestras cabezas hasta decapitarnos. Seguíamos corriendo sin saber porqué. Nos perdimos de vista.

Mi pecho, ardía como un fuego indomable que quemaba cada fibra de mi ser. Sin piedad, mi respiración se escabullía entre mis dedos y mi agonía. Nunca había estado tan cansada y no sé realmente el porqué.

Miré hacia atrás, buscándolo entre sollozos y gritos desconocidos. Había caos, había disparos, había todo eso a lo que estábamos acostumbrados, solo me faltabas tú.


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